25 de enero de 2005

Otros microcuentos


El Sueño.
Cuando Dios por fin despertó ya la Tierra había desaparecido.

La Milésima Mentira.
Al final de su vida, Goebbels no se lo podía creer, estaba maravillado por la enormidad de la mentira del enemigo.

Desayuno, Almuerzo y Cena.
...y el último cochinito construyó un eficiente horno de arcilla para el hambriento lobo.

Armagedón.
En la batalla final el batallón de los justos fue arrollado por las hordas de los perdidos.

Don.
Ver el futuro le causó una gran conmoción: Años estériles perdidos en enormes y ricos salones. Conoció con resignación la futilidad de la opulencia y el sinsentido de un apellido. En un arranque de creatividad, nunca visto en sus episodios futuros, tomó una pistola y burló al destino.

Dogma.
Cuando la inquisición le preguntó a Galileo en su lecho de muerte qué se movía, trémulo respondió:
--Mi corazón, mi corazón.

Yamamoto.
El cuerpo de Yamamoto entró en barreno mucho antes de que la metralla enemiga lo hiciera pedazos. La perdición lo arropó en su cuna cuando comenzó a soñar con acorazados de jengibre en las costas de Hawai.

21 de enero de 2005

Error de cálculo

--¡Señor! ¡Hubo un error de cálculo, señor!
--¿Cómo? ¿Un error? ¿De qué habla?
--¡Erramos el blanco por completo, señor!
--¿Fallamos?
--No, exactamente. ¡Sí, erramos el blanco , señor!
--Entonces, ¿fallamos?
--¡No, señor! Le dimos al blanco, pero ese no era el blanco, señor.
--¿Lo cambiaron? ¿Acaso esos malditos lograron mudar todo el maldito almacén de armas de destrucción masiva?
--¡No, señor!
--Entonces?
--Tuvimos un error de cálculo y bombardeamos una escuela, señor.
--¿Y las armas? ¿Lograron mudarlas?
--Me temo que no había armas, señor. Aparentemente las ojivas nucleares eran parte del parque infantil y el silo nuclear era la chimenea del colegio, señor.
--Déjeme entenderlo, ¿fallamos?
--No... totalmente, señor. Logramos destruir la escuela.
--Un objetivo es un objetivo. ¿Neutralizamos la actividad enemiga?
--¡Afirmativo, señor! Neutralizamos un contingente de más de trescientas personas pequeñas.
--Entonces, ¿dónde está el fallo?
--No fallamos, señor. Sólo fue un error de cálculo, señor.
--¡Pero aún así les dimos en la madre a esos malditos!
--Negativo, señor. Las madres de las personas pequeñas no estaban en la escuela.
--¡Coño de la madre!
--Afirmativo, señor.
--Tráigame las fotos de satélite más recientes. Tenemos que localizar a las madres y si es posible a los putos padres también. Les mandaremos toda la mierda de bombas que tengamos. Está guerra se gana ganándola.

19 de enero de 2005

Despertares

(Nada que ver con la película del mismo nombre :-)

Hoy me desperté con una extraña sensación, como de algo que se ha perdido recientemente. Un recuerdo apenas olvidado, una palabra que pesa sobre la lengua unos gramos más que el aire exhalado. Una idea inasible revoloteando fuera de mi alcance. Fue una extraña sensación de pérdida. Pensamientos de muchedumbres en el subterráneo, masas humanas imposibles que fluían entre construcciones de hormigón, telarañas de cables cubriendo los cielos y en el subsuelo. Tiré a un lado la manta y traté de concentrarme. Hubo un momento, un instante fugaz en que casi atrapé los recuerdos, pero luego ellos huyeron a toda prisa y olvidé nuevamente el día de ayer y me enfoqué en la nueva jornada que comenzaba. Olvidé quién era, dónde estaba, qué hacía. La desorientación de la identidad que se diluía duro poco, el relincho de mi montura me abrió una puerta en la mente y lo vi todo claro. Tomé la espada y guardé aprisa mis cosas en la mochila. Ambos soles ya estaban bien arriba en el horizonte. Todavía faltaba un largo camino hasta Abdaram y debía ponerme en marcha.

¡Felizaño!

¡Felizaño!

Dicho con la prisa de quien olvidó hacerlo en los 18 días precedentes... ¿excusas? Unas ricas vacaciones que me hicieron olvidarme del mundo (algo que puede ser peligroso bajo otras circunstancias). La realidad me golpeó rudamente hace 9 días, pero he tardado un poco en darme cuenta de que el mundo se sigue moviendo a pesar de haber estado yo descansando.
Así que pese a todo un nuevo año comenzó y el mundo sigue aquí andandito...

23 de noviembre de 2004

Nueva Cosecha

Noviembre ha sido un mes muy ocupado. Una convención de AsoVAC en Valencia, un artículo sobre osmolalidad que será publicado en diciembre por Investigación Clínica y otro sobre prevalencias de vitamina A, hierro, calcio, magnesio y fósforo en población infantil enviado a Archivos Latinoamericanos de Nutrición, un artículo rebelde de CF que al fin ha visto luz, dos contribuciones humorísticas al Bingo de CANIA y la maquetación del número cuatro del Necronomicón han sido tareas necesarias y suficientes que se adosan al sempiterno trabajo de investigación en un laboratorio de Nutrición como cualquier otro que medra por allí en medio de las ciencias venezolanas.
El artículo rebelde viene a ser el segundo intento conocido (y tal vez vano y pretencioso) de recopilar la historia de la Ciencia Ficción venezolana. Ciencia Ficción venezolana: Historia y prehistoria apareció este mes en el número 14 (correspondiente a noviembre-diciembre) de la revista española Alfa Eridiani (http://www.alfaeridiani.com).
También a comienzos de mes apareció otro cuento mío: Un sutil aroma a flores ultravioleta en el Eridano N° 8, dedicado al terror, que edita también Alfa Eridiani (los eridanos son números especiales, recopilaciones de autores o temas seleccionados por el editor).
Un mes complicado, pero provechoso.